Ir al contenido principal

¡Yo también soy ikeniana!


 
       

¡Ay, cuánto tiempo sin escribir por aquí! ¿Me habéis echado de menos? -vamos, tampoco es que sea la típica bloguera que actualiza cada segundo, pero reconozco que si me mentís, me hace ilu-.
  Bueno, en primer lugar quiero decir que no me gusta someterme a un patrón a la hora de publicar artículos, pues escribo lo que me apetece y, lo más importante, cuando me apetece, ya que soy partidaria de  no obligar  a trabajar a mis musas a contrarreloj y lo último que quiero es tener  un blog para estar más presionada -¡más nooooh, por favor!-. Por eso mismo prefiero soltarme la melena y para una vez que puedo  sumergirme en el caos y en el descontrol, lo voy a hacer (¡qué guay!).
   En fin, después de daros mi explicación de por qué publico temas que aparentemente no tienen nada que ver  en común, os dejo mi pequeña reflexión del día: hoy me apetece hablar del Ikea y de su marketing agresivo -que no lo parece-. Si os habéis fijado, siempre que vas -¡vaya planazo!- acabas comprando  un montón de gilipolleces, menos esa cocina o ese colchón que te hacía falta; y lo peor de todo es que cuando vas a pagar, ya te has salido del presupuesto establecido gracias a sus pasillos laberínticos, colores y miles de tonterías Made In China, pero que son monísimas, ¿no me diréis que no?
 ¡Qué gran trabajo hace esta empresa sueca, utilizando la teoría del consumidor! 
  Sí, esa teoría es la caña de España y es un tema que conozco a la perfección -para uno que domino tengo que pecar de vanidad, aunque solo sea un poquitico-. Ajá, es una teoría que, para los que somos amantes del marketing es sagrada y, según la cual, nuestro comportamiento es decisivo a la hora de que una empresa sea o no receptiva con nuestra percepción del producto.
 El llamado Marketing sensorial está muy de moda. Los olores de su cafetería  también son otro reclamo para nuestro consumo y, de paso, para engordar unos cuantos kilos con sus tartas y albóndigas.
  ¡Oh, Ikea, cuánto daño has hecho a las tiendas de muebles convencionales!
 Aunque tengo que reconocer que a mí me ha venido de perlas, ya que no todos los mileuristas y quinientoseuristas -y menos-de-todo-eso- podemos permitirnos los precios desorbitados que tienen algunos mobiliarios... Vale, vale, lo sé, sé que no te regalan nada y puede que la madera de un mueble de marca provenga  del  roble de un bosque ecológico, y que el diseño sea exclusivo y que no tengas que ver la  misma cómoda MALM en casa de  tus amigas; que sí, que todos sabemos que La Oca es una pasada, así que si me traigo a casa un escritorio por noventa euros llamado Isfjorden  y me lo monto a mi manera, y se rompe o se  pica a la mínima de cambio por culpa de su chapa de mala calidad,  me lo merezco, porque  ya sabía de antemano los pros y los contras de esta empresa.
 En resumen, seamos amantes o detractores de este sistema de venta de autoservicio, está claro que ir al Ikea ha supuesto un cambio en nuestras vidas: tú te lo montas, tú te lo guisas y tú te lo comes, además, de dejarte unos cuantos euros de más por comprar caprichos visuales innecesarios.
 Si consigues ir y no pasarte del presupuesto, estás preparado para ganar la guerra al consumismo.

  Nos leemos en la próxima...

Comentarios

Entradas populares de este blog

Pies descalzos

                        A ins, ¡ojalá estuviera ahora mismo en esa playa…!   Como se observa en la foto, qu é bien nos sentimos cuando la arena roza nuestros pies, ¡qué gustito da! Sobre todo,cuando te hundes dentro de ella mientras aprovechamos sus beneficios naturales, como es el caso de la exfoliación. Pero claro, eso sería en el hipotético caso de que no seas una persona arecnafóbica -señores un poco de imaginación-. En fin, supongamos que no lo somos. Supongamos que a todos nos encanta bañarnos en arena  -seguro que no sabéis por dónde voy, no os preocupéis, enseguida os lo explico-.    Veréis, solo os diré que entre pies descalzos anda el juego. Antes que nada, quiero quiero dejar claro que no soy una experta en psicología, sino más bien una simple aficionada de la vida que ha aprendido a sobrevivir sin ayuda del gran surtido de antidepresivos, ni de b...

Amazon: la odisea del principiante; dudas a la hora de publicar tu Ebook.

      ¡ Hola, holaaa! Aquí me tenéis de nuevo dando la tabarra. Hoy os traigo algunas recomendaciones para los autores noveles; en definitiva, estoy compartiendo consejos para mí misma -no, si ya decía yo que acabaría mal de la cabeza con tanto personaje-. En efecto, yo también soy escritora -al menos me considero un proyecto de escritora- y asimismo tendré que darme cabezazos con el PC cuando termine mi novela que, por cierto, aun está metida en el horno, haciéndose poco a poco, con la ayuda de mi profesora y gran novelista, Érika Gael. De paso aprovecho para animaros a que compréis sus libros, son maravillosos y tiene una pluma que ya quisieran muchas grandes de este país. Dicho esto, paso a dejar unos  mini-consejillos  de qué hacer cuando terminas de escribir tu borrador. Veréis, cuando después de la...